Una lectura del Libro del desasosiego de Fernando Pessoa
"Lo
que tenemos aquí, no es un libro sino su negación y subversión,
el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño,
el libro-desesperación, el anti-libro, más allá
de toda literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio
de Pessoa en su momento cumbre."
Araceli
Otamendi (Buenos Aires)
La primera vez que leí el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa
fue en una versión en español de Angel Crespo publicada
por Seix Barral en 1982. Ya había leído unos cuantos libros
de Antonio Tabucci, escritor italiano al que admiro y supe entonces
que él había introducido con una labor de orfebre intelectual
la obra de Pessoa en Italia. Lo que no advertí y esto lo supe
después, cuando volví a leer el Libro del desasosiego
en traducción de Santiago Kovadloff, editado por Emecé
en 2000, es que éste es un libro que se va armando y que puede
seguir articulando conforme pase el tiempo, según quién
organice el material dejado por Pessoa, y según otras variables
que tal vez no puedan preverse todavía. Pessoa acumuló
en un arcón o baúl sus originales inéditos y allí
fueron encontrados tras su muerte en 1935. Ese legado, dejado por el
escritor en relativo desorden, sigue siendo hasta hoy materia de clasificación
e investigación por parte de los estudiosos de su obra. Pessoa
ha sido reconocido por muchos críticos junto a Kafka y a Joyce
como uno de los grandes escritores del siglo XX.
La primera versión del Libro del desasosiego, la de Angel Crespo,
dice en el prólogo: "En 1913, Fernando Pessoa (1888-1935)
publicó en la revista A Águia un original en prosa, titulado
"Na Floresta do Alheamento" (En
la floresta de la enajenación), en preparación. Dicho
escrito iba firmado por Fernando Pessoa, sin que se hiciese la aclaración,
o la salvedad, de que su autor lo atribuyese a Bernardo Soares ni a
cualquiera otro de los personajes que, como se sabe, dio por autores
del libro". Fernando Pessoa escribía con heterónimos.
Tanto en la versión de Angel Crespo como en la traducida por
Kovadloff, el Libro del desasosiego se atribuye a Bernardo Soares.
Sin embargo, antes de esa atribución, ha habido otras, Pessoa
pensó en atribuirlo a otro heterónimo: Vicente Guedes.
En otra oportunidad, dada la escritura fragmentaria del Libro del
desasosiego, Pessoa pensó también en atribuirlo a
Álvaro de Campos. Lo fascinante de este libro del genial poeta
portugués es que además de estar atribuido en estas últimas
versiones a un personaje literario como Bernardo Soares, es un libro
que puede seguir "haciéndose". En la introducción
del Libro del desasosiego escrita por Richard Zenith y traducción
de Kovadloff, se narra cómo se organizó esta versión.
Lo que tenemos aquí, dice Zenith, "no es un libro sino
su negación y subversión, el libro en potencia, el libro
en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación,
el anti-libro, más allá de toda literatura. Lo que tenemos
en estas páginas es el genio de Pessoa en su momento cumbre".
En una entrevista, el escritor italiano Antonio Tabucci, al preguntársele
por el significado en su propia obra de la figura de Fernando Pessoa
dice: "A Pessoa le debo, en primer lugar y principalmente, la
fe en lo novelesco, porque, a través de su poesía, ha
construido en realidad un universo novelesco, ideando algunos personajes,
como Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro o Bernardo
Soares, que en lugar de ser personajes que actúan, son seres
que crean. Pessoa, en última instancia, lo que hizo fue inventar
una serie de personajes creadores y ponerlos en relación, urdiendo
amistades, correspondencias, etcétera; edificó una especie
de teatro en el cual hay actores, pero donde falta el guión".
Tabucci destaca que el poeta portugués hizo esta gran construcción
novelística en la época de la gran crisis de la novela,
ya que murió en 1935. Paradójicamente, agrega Tabucci,
Pessoa ha creado una vía de escape, una pirueta, por la que
en nuestro siglo, cuando parece que ya no existe un espacio para la
novela, puede reconstruirse un universo novelesco, no mediante la novela,
sino con la poesía. Esto me impresionó muchísimo"
destaca el escritor italiano. En la misma entrevista, Tabucci hace
resaltar la característica de Pessoa de ser además de
poeta, un personaje: "el personaje de sí mismo y el personaje
que es para los otros, lleno de misterios, los cuales son muy difíciles
de aclarar del todo, y tal vez no lo consigamos nunca". Pessoa
vivía en habitaciones realquiladas de pequeñas pensiones,
pasó su vida como un modesto funcionario y dedicaba todo su tiempo
a la escritura. Se escindía en varios seres y conseguía
a pesar de ello una gran unidad sin caer en la esquizofrenia y en la
locura, relata el escritor italiano a su entrevistador. Asimismo, Tabucci
destaca el sacrificio o tal vez el desinterés de Pessoa por publicar
su obra. Mantuvo oculta su carrera literaria rechazando de esta manera
honores y glorias que quizá la vida le habría concedido
y prefirió la escritura y la satisfacción que ésta
puede proporcionar.
Si hay algo fascinante en la lectura del Libro del desasosiego de Pessoa
es encontrarse con un alma volcada al papel sin interferencias ni ornamentos
inútiles y también en algunas oportunidades, encontrarse
con un idiolecto. En cuanto a esto último, Angel Crespo, en la
primera versión en español del libro dice: "Wittgenstein
discute, en su obra Philosophical Investigation, la posibilidad
de un lenguaje que sólo pueda ser entendido por un individuo,
y por él oído, y que se refiera a acontecimientos mentales
interiores y por lo tanto, ocultos o secretos para los demás.
Si ese lenguaje existe, Wittgenstein piensa que es intraducible debido
a que el lenguaje es un hecho social cuya formación y comprobación
- y aun corrección- depende, no de la falible memoria individual,
sino de la memoria colectiva, que es la condición precisa para
que el lenguaje sea propiamente tal, sea comunicable, y por lo tanto,
traducible. Sin llevar las cosas tan lejos, hay que advertir que el
lenguaje del Libro del desasosiego es, en ocasiones, un idiolecto
que tiende a lo secreto, a lo incomunicable, y que, debido a ello, bordea,
también en ocasiones, la intraducibilidad".
En cuanto a las intenciones de Pessoa en dejar una obra fragmentaria
y en haber también dejado algunas indicaciones para articular
el libro, habría que remitirse a George Steiner quien dice: "el
recurso a la intencionalidad, a lo que podemos decir del propósito
del escritor o del artista pone trampas incluso peores que las que atribuimos
a los usos de la biografía. Balaam - y Marx citará esta
parábola en su exploración de las contradicciones ideológicas
en el interior de la literatura - profetiza en contra de su expresa
voluntad. Un artista puede engañarse radicalmente en cuanto a
sus verdaderos motivos - semejante "verdad" puede ser un fantasma
epistemológico- y los efectos que se proponía. Puede,
siguiendo una estrategia esopiana, intentar engañar a otros (los
censores). Sus diarios, cartas, y notas de programa más íntimos
pueden ser ficciones retóricas en la génesis de la ficción.
Los diarios y las conversaciones de Kafka son obras maestras de afligido
circunloquio no sólo con respecto a los otros sino, principalmente,
al mismo. Su aparente transparencia hace la obra real más secreta".
Steiner relativiza la desconstrucción al decir "no hace
falta que una advertencia desconstructiva nos señale las multiestratificadas
intencionalidades de la fábula, nos recuerde las inconmensurabilidades
y las autodisoluciones retóricas inherentes a los actos semánticos."
Para la hermenéutica moderna, dice Steiner, "es
fundamental el famoso postulado de Schleiermacher según el cual
el lector puede descubrir la intención y el significado auténticos
del texto mejor que el autor." Respecto a esto Richard Zenith,
destaca en la última versión del Libro del desasosiego
"que mucho antes que los descontructivistas llegaran para enseñarnos
que no hay nada hors-texte, Fernando Pessoa vivió, en carne propia
- o en su anulación-, todo el drama del que ellos tan sólo
hablan. La falta de un centro, la relativización de todo (incluso
de la misma noción de lo relativo), el mundo entero reducido
a fragmentos que no conforman un verdadero todo, apenas texto sobre
texto sobre texto, sin ningún significado o casi sin nexo - todo
este sueño o pesadilla posmodernista - no fue, para Pessoa, un
grandioso discurso. Fue su íntima experiencia y su tenue realidad.
Y este libro-caos del desasosiego fue su lucidísimo textimonio:
"Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen
de un texto borrado por completo. Con más o menos suerte, por
el sentido de la nota, inferimos el sentido que podría ser el
del texto, pero queda siempre una duda, y los sentidos posibles son
muchas"
(Fragmento 148)
Fernando Pessoa dejó algunas indicaciones para articular el Libro.
Según Zenith son de ayuda relativa, porque son contradictorias
y evidencian sobre todo hasta qué punto llegaba la confusión
del autor: ni él sabía cómo ordenar los fragmentos.
Zenith reconoce que tal vez lo mejor hubiera sido una edición
de piezas sueltas, ordenables según el criterio de cada lector.
Es así como a mí me gusta leer el Libro del desasosiego.
Cito a continuación algunos fragmentos que elegí para
este artículo:
|
(Del Libro del Desasosiego, Fernando
Pessoa, Editorial Emecé)
"Mi
vida es como si me golpeasen con ella"
"Soy en gran medida la misma prosa que escribo. Me desarrollo
en fragmentos y párrafos, me convierto en puntuaciones
y, en la distribución desencadenada de las imágenes,
me visto, como los niños, de rey con papel de diario, o,
en el modo como creo el ritmo de una serie de palabras me corono,
como los locos, de flores secas que siguen vivas en mis sueños"
"El arte consiste en
hacer sentir a los otros lo que nosotros sentimos, en liberarlos
de sí mismos, proponiéndoles nuestra personalidad
mediante esa especial liberación".
"A veces me sucede, y siempre que me sucede es casi de
repente, que en medio de las sensaciones me brota un cansancio
tan terrible de la vida, que no tengo ni siquiera la más
mínima idea de cómo dominarlo. Para remediarlo,
el suicidio parece incierto; la muerte, aun cuando suponga la
inconsciencia, es poco todavía. El que siento es un cansancio
que ambiciona, no el dejar de existir - lo que puede o no ser
posible-, sino una cosa mucho más horrorosa y profunda,
como es el no haber siquiera existido nunca, no haber sido nunca
de ninguna manera".
"¿Qué es viajar y para qué sirve viajar?
Cualquier poniente es el poniente; no es preciso ir a verlo a
Constantinopla. ¿La sensación de liberación
que nace de los viajes? Puedo tenerla yendo de Lisboa a Benfica,
y tenerla con más intensidad que aquel que va de Lisboa
a China, porque si la liberación no está en mí,
no está, para mí, en parte alguna. "Cualquier
camino", dijo Carlyle, "incluso este camino de Entepfuhl,
te lleva al fin del mundo." Pero el camino de Entepfuhl,
si se lo sigue hasta el fin, vuelve a Entepfuhl; de manera que
Entepfuhl, donde ya estábamos, es ese mismo fin del mundo
que íbamos a buscar."
"Me quejo porque soy débil y, porque soy artista,
me entretengo tejiendo con musicalidad mis quejas y retocando
mis sueños conforme el modo que encuentro de hacerlos más
bellos. Sólo lamento no ser un niño, para poder
creer en mis sueños, no ser un loco para poder alejar del
alma a todos los que me rodean".
|