|
Del abrazo y sus fatigas
A Germán Jaramillo y a Paola Mejía
Juan Pablo Roa Delgado
Hablo del último tranvía que cierra
la noche.
Hablo tan sólo de la lluvia que saluda las calles con su
agua.
Hablo también de los trabajos nocturnos
Del silencio de la mujer cuando amanece y él la cuida del
desvelo;
Hablo aún de la casa que espera atenta a quien vuelve del
día
Con su maleta de malicia y de fatiga.
Hablo de la sombra que suelen dejar los cuerpos en la memoria nocturna
de las
ciudades.
Hablo también de las largas noches de verano
con su misterio de estrellas al atardecer.
Hablo incluso de la certeza del desvelado;
Ése que observa, que custodia la sombra aquella que aún
duerme al lado suyo.
Él lo sabe y no lo confiesa:
El mundo entero termina allí en la madrugada cada día
Como ese tranvía de medianoche que se lleva el último
ruido de la casa
Y del tormento cotidiano sólo deja una breve promesa de silencio.
De almohada tibia.
Obscuras plantas de la noche
Juan Pablo Roa Delgado
Todo en el cuerpo es un exterminio de jardines
y de lámparas, de pérdidas y muebles
recordados
en su propia estancia, en su propia materialidad de lento nocturno.
La mano se devuelve inmensa hacia la infancia desnuda y retozona
sobre el espejo
leñoso
del parquet:
allí el ventanal helado ante el insistente caer de la lluvia
sobre la lora y su jardín;
allí el papayuelo inerme con su perfume de sexo apenas excitado,
apenas oprimido por
una
lenta caricia que promete;
allí el recuerdo de los parientes guarecidos en la extensión
infinita que no conoce el
reposo
o la fatiga y cuyos gestos no se ofrecen por completo a la sonrisa;
allí la obsecuencia de los afectos extraviados para siempre
en las ciudades inventadas
sólo
para la llovizna.
Inerme se pasea la mano por el jardín recorriendo
el tacto de las plantas nocturnas.
Todo en el cuerpo es un continuo exterminio
de jardines y de lámparas que recoge la
estridencia
de los muebles ausentes en su gesto invulnerable de no ofrecerse
por
completo
a la sonrisa;
todo en el cuerpo es un continuo repetir el viaje hacia las obscuras
plantas de la noche,
hacia
el prestigio vegetal y perenne de lo ausente.
Paisaje con mujer
Io moro in mare sentendo l'onde movere
Francesco Petrarca
Juan
Pablo Roa Delgado
Como recorrido por animales lentos vuelvo del
sueño:
A orillas de la vigilia el aleteo lento, parsimonioso de las olas
frente al farol sobre la
arena
La erudición de los pescadores de provincia a la hora de
la siesta.
Desde arriba la lluvia persiste en su ritmo que
despega los vapores hediondos del
pavimento
al mediodía
Los pescadores con los pies descalzos y con su erudición
cotidiana cultivada sobre las
redes
Rechazan el ritmo que cae y que suda el respiro hediondo del pavimento
caliente
Humedecidos por la lluvia y por la sal.
Vengo lento sobre tu cuerpo a buscar el orgasmo.
Al volver del sueño, después del cigarrillo, animales
lentos han recorrido mi tiempo
nocturno
Apenas el recuerdo, el hedor del pavimento mojado
al mediodía:
La isla que visitamos juntos cada vez que salgo hacia el sueño
en la mitad de la noche
Ha cesado en su ritmo lluvioso de farol mojado y sucio de arena.
Queda el animal lento que aletea frente
a la ensenada, viejo y persistente.
|