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Autorretrato
con alces en Pingree Park
Fernando
Valerio Holguín
me sorprende verme a mí mismo
en este paisaje de cumbres al pastel y difuminados pinos y alces
que pastan el rocío en la brizna
suspendido entre la bruma y los desfiladeros rocosos
de este paisaje nórdico, siento vértigo, siento frío
y me asfixio lentamente entre el alto cielo y las cumbres nevadas
un alce levanta sus ojos y me mira como si fuera
yo del Holoceno y entonces me exige que hable, y trato de descolgarme
por una escalera de niebla entre los abetos para decirle que no
puedo, que mi voz se quedó, hace ya mucho tiempo, madurando
entre los nísperos, allá en las islas de fuego
y otro alce pasa corriendo y me pide que guíe
en tropel por los trillos la manada, -y no puedo- no quiero ser
sino líder de la flor y el rocío, líder del
pasto y la lluvia, del crepúsculo malva, líder del
viento y su queja entre los árboles, líder de nadie,
ni aun de mí mismo
y otro alce de ramas secas en la frente me suplica
que sea entusiasta y dinámico y me atreva a seguirlo por
los blancos picachos, y apenas si puedo respirar este aire tan fino
que parece transparente y me quedo flotando en la niebla, sobre
los pinos más callados, con la memoria vegetal quebrada y
sin entusiasmo para otra cosa que no sean las tardes frente al mar,
las mañanas del sábado, las mágicas palabras,
las sonrisas de quienes quiero y me conocen
y una manada de alces pasa
y me mugen con sus caras de burro pleistocénico y me suplican,
me piden, me exigen, que hable, que corra, que me descuelgue de
la neblina triste y no puedo -ni quiero-, me rehuso a perderme en
el mugido y la manada
Pingree
Park, Colorado
9/12/01
las
cosas sin nombre
Fernando
Valerio Holguín
Si
(como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.
Jorge
Luis Borges
No hay por qué llamar las cosas
por su nombre
si el pan en mi boca es ceniza
y el vino en mis labios es sangre
si
el poema cimbrado en mi cuerpo es una ciudad que se resiste a la
memoria del frío y escapa en calles vertiginosas/en avenidas
desiertas/y puertas y ventanas vacías
y entonces, ¿cómo llamar a
una vida que se escapa a veinte días por segundo? cuando
la rabia secreta no es contra Dios -que acaso ya no exista- sino
contra la memoria del tacto y el rocío
No
hay por qué llamar las cosas
por su nombre
si
la rosa no estará más en la palabra rosa
como tampoco estarán tus lágrimas en la palabra llanto
ni tu sal en mi boca
las
cosas se habrán mudado de nombre
y quedarán entonces
las palabras/
vacías
como ciertas casas/como ciertas miradas/como ciertas horas
Y
habrá un imperio de cosas sin nombre
de nardos asesinos en la memoria/de árboles secos como bronquios
cimbrados en la nieve/de gritos y ecos de otros gritos en el crepúsculo
malva de esta estepa baldía que no me pertenece/
y
entonces, ¿qué hacer con tanta palabra hueca/tanta
palabra inútil/tanta palabra muerta/tanta palabra fría?/si
no podré siquiera nombrarte/o alcanzarte un as de diamante
para un golpe de suerte/si no podré siquiera suplicar otra
oportunidad
de
llamar las cosas
por su nombre
porque
hay cosas que no tienen nombre
2/21/01
Preludio
y fuga
Fernando
Valerio Holguín
¿cuántas veces no habré
llegado temprano a la casa para encontrar la puerta cerrada? después
de haberte buscado en un cambiado paisaje -acantilados, calles y
llanos, valles o avenidas- y no importa, en una danza de sombras,
en un silencio de muerte
¿cuántas veces tu plural ausencia
en mis noches -intangible presencia de fruta inédita en mi
boca- no habrá sido la coartada perfecta y aún necesaria
para amarte? sin haber rescatado la memoria en el tacto y la dicha
¿cuántas veces no habré creído
encontrarte, sólo para volver a perderte y siempre en la
penumbra de la casa vacía? cerrando entonces los ojos para
creerme feliz
¿cuántas veces no habré presentido
en tu mirada la fuga? después de sentirme vacío hasta
volver de nuevo a encontrarte, transfigurada ya en palabras, con
la misma sonrisa de ayer, mañana o siempre
¿cuántas veces no te habrás
marchado desde el café de la esquina, desde un bar, un restaurante,
o desde ti misma, desde el verso o la prosa y habrás dicho
adiós como tantas y distintas, -vuelta al puñal enterrado
en la memoria- para dejarme desangrado, sufriendo en silencio el
gozo de verte partir
¿cuántas veces no te habrás
quedado aquí a mi lado mientras caminas hacia la puerta cuando
he sido yo quien se marchó sentado en la silla?
¿cuántas
veces no te habré seguido amando a sabiendas de que una tarde
-desolada, por cierto- te marcharías sentada en la casa,
después de haberme besado como si nunca nos hubiésemos
encontrado
Fort
Collins, Colorado
3/31/2000
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