Argentina

Silbos
                                          Eduardo Dalter



A pesar de que seguramente seamos
la memoria más viviente de nosotros,

guardamos papeles, fotos, cucharitas,
como necesitando retener o cuidar algo,

mientras el tiempo continúa en lo suyo.




Dejá que entre la luz,
dejala que entre,

que se acomode,
que abra su valija;

no vayás a echarla;
dale de comer;

dejá que ande por la casa.





Hermosura que te busco;
electricidad que es hermosura;

hermosura de una mano
en otra mano; de un cuerpo

en otro cuerpo; de una letra
que con otras es palabra;

palabra que te busca, me busca.
La oscuridad no es cosa nuestra.



La palabra, sí
(Para una Poética)
                            Felipe Aldana, en memoria

 

La palabra en su agua
        bullente,
        profunda,
tan cierta como la piel
        o la piedra
en que habrá de ser
        labrada;
la palabra que descubra
        (no
que cubra y se oculte
        entre el ramaje);
la palabra libre
de bronce, cobre
        o latón
y sin el miedo de decir;
la palabra
sin el corset
        del formalista
ni la pátina bárbara
del comediante oficial
        y del falsario;
la palabra
        que abra
una certeza
o un interrogante,
        una calle
que lleve a un río
        o a otra calle
o a lo fraternal
o a lo aún incomprensible
(no, ni lejos,
la palabra
        encapsulada;
la palabra acrocelada
        o guisada,
bajo la perfección
de un preconcepto
        o de un dogma;
o la palabra
        para levantar
pared de humo,
esquema de humo,
o pared de uno mismo,
ausente o caído
        de uno mismo);
la palabra,
        palabra
        de la vida,
enhebrando,
enhebrándote,
        infundiendo
nuevo aire,
nuevo polen
        a la vida;
la palabra fértil,
        en su hoja,
        su raíz;
la palabra
        entera
por donde se la mire;
la palabra
        que se sepa
        del mundo
y de las bocas,
        las manos,
las combustiones
y los pasos ciertos
        y nuestros
        del mundo,
y a la vez íntima,
        palpitante
        y entrañable;
la palabra
        para decir,
        besar,
morder, fundar,
sin ningún atajo
        oculto
y ninguna parte
        vergonzante;
la palabra
como una rosa
        de los tiempos
        y las vísceras
o como una flor
        de cardo
en la hora
        de tormenta,
o vos mismo, desnudo
        ante vos mismo
y tu silencio
        hondo,
que tantas veces
no tiene palabras
        y te mira
a los ojos
como a un desconocido
        que tirita
        o piensa,
o bien se da la espalda,
tocado de su tiempo
        bestial
y de su mundo.



Este poema en memoria de Felipe Aldana está dedicado a Susana Valenti, a Alejandro Schmidt y a Gladys Cepeda, poetas, en Buenos Aires, enero/ febrero de 2003.

                                          Eduardo Dalter


 

Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Publicó, entre otros poemarios, En la medida de tus fuerzas (1982), Versus (1984), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), Mareas (1997), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999) y Bocas baldías (2001). Parte de su obra fue difundida en importantes publicaciones del continente e incluida en antologías. Reside en su ciudad natal.
cuadcarmin@hotmail.com

 

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