Argentina

  Sergio Omar Otero

 

Leyenda de la Gota y la Roca


Sobre el azul horizonte,
Patinado de tiempo a alcanzar,
Descansaba la Roca su camino
De siglos, rápidamente idos.
E infatigable, sobre su abrigo
De musgos, jabonosos y fríos,
Desde no se cuantas horas o lapsos,
La Gota siempre caía.
Ciertamente hubo días
En que la Gota allí no estuvo.
Cuando la Roca era otra, seguramente
Recién de la montaña florecida.
En esos tiempos, bajo el cielo
Y sobre la tierra alzada,
Agua Clara, mansa la luna reflejaba,
Con ojos de estrella y calor de sol.
Pero la Roca no se enteró de ella,
Sino hasta aquel día,
En que sintió, sobre su carne mineral
El roce lagrimal de la Gota que caía.
Y no supo cuando había fenecido
Su soledad de Roca, piedra infértil,
Pero si que fue la Gota, quien ahuyentó el silencio
Con el callado grito, de su perenne roce.
Se transformó su cuerpo de Roca,
Con acuosos surcos de milenaria historia,
Y pensó en el origen de la Gota que roía
Su quietud huraña, de Roca altiva.
Más que ver, intuyó que la Gota prolongaba,
La quietud de Agua Clara, bajo el cielo
Y sobre la tierra ennoblecida,
Gritando queda, la vida que vivía.
Luengos tiempos han pasado,
Tal vez en pocos días,
Mas ni una vez tan solo
Detuvo la Gota su venida.
Así perdió la Roca, ayer inmóvil piedra,
Una a una, sus partes componentes,
Mas no perdió de ver que la Gota
Lo suyo le dejaba,
A la vez que también, lo suyo se llevaba.
Varios siglos hace ya,
Que la Roca dejó de estar donde estaba,
Tanto como los que tiene hoy,
Al pie de la montaña crecida,
Una suave agua, por todos conocida
Como Agua de Roca, la bienquerida.
Y cuenta la leyenda de uno que no olvida
Que en la cima de la montaña había,
Una laguna de la Piedra enamorada perdida.
Y que al silencio rocoso, su quietud se debía.
Pero que más pudo su amor y la vida
Que junta a la Roca compartir quería.
Y así, Gota por Gota, decidió que iba
A bajar de la montaña en que vivía,
A horadar la Roca, que feliz la recibía,
Y a formar juntos, de la cumbre al pié,
Agua de Roca, la bien querida.

 


 

Geométrico


Una raya el horizonte,
Tus ojos un punto oscuro,
Donde descansar lo cansado.
Nuestro amor un ángulo
Que se clava en lo profundo,
Sangrante de ternura.
Mi casa un cuadrado hoy,
Pentágono hexagonal mañana,
Infinitesimal por siempre.
Del círculo de mi vida
A la elipse de los sueños,
Por líneas paralelas,
Tangenciales al dolor,
Radie lo concebible
En la superficie tersa
De un perimetral lecho.,
O en el vértice profundo
Del beso adormecido.
Del cono de las sombras
Al foco de la luz
Voló recta mi vida
Solo para
Encontrarte a vos.

 


 

Sueños de esperanzas


Estuvimos en la Plaza,
No ese día, es cierto.
Ese día solo éramos proyecto,
Si es que éramos…
Pero tal vez de ese día,
Las gotas de sudor
acumuladas,
Llevadas por quien sabe
Que sueño de esperanzas,
Nos anidó en el alma,
En las ganas, en las fuerzas,
Y nos acompañó esa noche.
Tampoco ese otro día,
En que si estuvimos,
Pero no juntos, no iguales,
Sino distintos y diferentes,
Pero esa noche estuvimos,
Como siempre.
Y nos mojamos bastante,
Es cierto, no fueron nuestras patas
Las que se mojaron en la fuente,
Que aunque se llevaron está,
Siempre está, no se borra,
No se oculta, no se ve, pero está.
La cuestión es que nos mojamos,
En esa Plaza que no era
La de todos los días,
Ni siquiera la de esos días,
Pero guarda su corazón
Para otros días, para días
Que vendrán, que llegarán.
De donde veníamos?
De un sueño? De una esperanza?
De otra carta jugada, arrojada?
O tal vez, y simplemente,
Porque fue la primera vez
Que estuvimos juntos,
Con los mismos pensamientos,
De antes, de ayer, de ahora,
Del sesenta y nueve y el setenta,
De calle, corrida y gritos,
Los de Ezeiza, los de Baigorria,
Los de la villa, en la Mandarina,
Tal vez por eso, solo por eso
Llegamos de otro lado,
del definitivo, del verdadero.
No había gritos en la Plaza,
Pero estaban, siempre están
Estaban allí, desde que llegamos,
Bajo las treinta farolas
De sesenta soles prendidos
Cuando llegamos desde el Sur,
Te diste cuenta?
Vinimos desde el Sur,
Caminando, lentos, parejos.
Y nos fuimos hacia otro punto,
No, no nos fuimos
Caminamos gambeteando
Cuadras, jugando a las escondidas
Con las calles llovidas, con
Las luces de los taxis,
con los afiches y los cartoneros.
Cantamos piedra libre,
Alegre y tontamentemente
Cuando nos decidimos por una muza.
No me dí cuenta en ese momento,
no estaba para pensarlo,
fue después, ya mas tranquilo
en que me di cuenta
que estuvimos en la Plaza
como un sueño cumplido,
y me pareció que era nuestra vida.

 


Sergio Omar Otero
Dirección completa: Paraguay 931, 1º D
sergiootero@speedy.com.ar
Nací en Comodoro Rivadavia, en la patagonia argentina en 1951 y allí no solo me enamoré por primera vez y bebí vientos, sino que también comencé a desarrollar este gusto por escribir, el que continúe alimentando luego en Rosario donde fui a estudiar Ciencias Políticas y a seguir enamorándome, defecto que me acompaña el resto de mi vida.
Después el destino quiso que fuera abogado, perseguido político, opositor, oficialista y fundamentalmente aprendiz de hombre bueno… e irremediable escribidor de las cosas del alma, que no se sin buenas o malas… literariamente hablando… solo se que son del alma…
Hoy llevo escrito muchos mares de tinta y últimamente, unas cuantas toneladas de byte que aparecerán próximamente encuadernadas… cuando encuentre los fondos suficientes… mientras tanto solo se pueden encontrar en sitios como este… cuando las aceptan….

© GRUPO PALAVREIROS - 1999/ 2004
TODOS OS DIREITOS RESERVADOS