Juan Pablo Roa Delgado
Preludio y coronación insular
Para
Margarito Cuéllar
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I
No acuses al pariguayo
por su mirada alelada, no desprecies al guardián
de tesoros ajenos en su pretendida exhumación de
la sonrisa del taíno. No pretendas alterar el compás
ni las penurias meridianas, no añores la lealtad
de las manecillas del tiempo con la clepsidra inconstante
de las calles. Busca, o mejor perfecciona, el arte de la
charla en el colmado de la esquina. Y no reniegues, no.
No compres lo que no te corresponde, ni apoyes tus vicios
en las rectas razones del vecindario. Aprecia mejor lo que
escuchas ya que no hay palabras para el adiós ni
lugar descampado para quien convoca la traición.
No huyas del licántropo que hay en ti.
II
Cernícalos y flamboyanes cruzan mi ventana por el
parque y la voz repite: no pretendas contentarte con lo
más barato, no te sacies con el pan y la cerveza
más cercanos ni te entregues a la primera que te
sale al paso. Insisto: no pagues por amor. Persigue, o mejor
ejercita un versículo canicular que desinfle tus
palabras.
III
A la memoria vuelven
nísperos y ahuyamas, los higos en canasta para la
venta sabatina. Me salen al paso voces olvidadas y una lluvia
de cristales recompone un yo perdido, hecho de piñas,
limones, tamarindos y papayas que trasudan en la calle.
Vuelven a la página cernícalos y flamboyanes
repetidos en mil boleros y chácharas de fin de fiesta,
al mismo tiempo que la voz insiste: no pagues por amor ni
te sacies en la primera esquina. Busca, o mejor desdobla
tu aullido en un verso canicular pero no repitas al licántropo
que hay en ti; no reproches al pariguayo su mirada alelada
por flamboyanes y mujeres generosas en su mano tendida al
extranjero. Mejor persevera, perfecciona tu charla en el
colmado de la esquina.
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Ceremonial sin música
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Buscaste soledad
y te premiaron con destierro. El desencanto pudo ser tu
día, o eso crees, pero olvidas que el turista insiste
en su viaje y jamás conoce las penurias del regreso.
Se ha hecho tarde y a tus espaldas multitudes de sal recuerdan
un extraño castigo bíblico. Miras atrás
y comprendes: el dios del libro sólo prohíbe
la mirada codiciosa. Pero te mueves con desidia, acaso con
cinismo y ningún mineral trastocará tu vida
en monumento. Otras derrotas y otros desengaños te
acompañarán o serán tu elemento, no
las penas del regreso, pues sabes que lo desandado es también
camino.
Buscaste soledad
y te premiaron con destierro. El desencanto pudo ser tu
día, o eso crees, pero no olvides la tarde de Lisboa
que te enseñó a amar las voces del tranvía
y la desidia del turista, donde amaste a otros dioses y
otras ciudades más brillantes que la madre.
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De los años por sólida materia
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Ahora que la rueca
del destino nos cubre con su sordina destemplada; ahora
que el chirrido monótono de viejos óbolos
pagados al silencio se burlan y me devuelven a la pobreza
de siempre; ahora que llevo las alpargatas de Hamelín
desposeído, puedo decirte que de mi manga ya no salen
magias aleladas por el conejo o la serpiente, ni mujeres
de largas piernas blancas partidas en dos por serruchos
imaginados.
Ahora que persigo
apacible tu estanque de ranas corrompiendo la noche con
su cháchara de tristezas acompasadas con ritmo de
samba decidida ma non troppo, ahora que sabes abrigarme
con tus modales de arrecife en invierno destejo lo andado,
cambio la arena cíclica de mi desierto sin alfombras
voladoras.
Ahora que odio
los libros amados que se han vuelto obligatorios, ahora
que la calle de los vecinos parece una enorme lección
de sonambulismo, de mi manga sólo sale el caballejo
blanco extraviado, obediente a las reglas del borracho;
ahora que cultivo mis excesos con parsimonia de tedeum desafinado,
como en una especie de otoño sonriente, de reliquia,
de cadalso marchito de antiguos funerales que ya no conmueven
ni llaman a las flores; ahora los minutos despiertos me
parecen barracón de feria pueblerina y mi canción
la misma pero con otros acordeones.
Ahora de mi alquimia
sólo quedan peroles y frituras y música de
sartenes cuando brillan tus ojos sorprendidos por un nuevo
recetario.
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JUAN PABLO ROA DELGADO (Bogotá, Colombia,
1967)
Estudió Letras en Bogotá (1992), su ciudad natal y
se especializó en lengua y literatura portuguesas en la Universidad
de Lisboa, Portugal (1993 - 1994). Ha publicado dos libros de poesía:
Ícaro (1989) y Canción para la espera (1993); varios
de sus poemas han sido editados en las revistas Realidad Aparte
(New York, E.E.U.U., 1994), Ulrika (Bogotá, Colombia, 1999),
Mississippi Review (Hattiesburg, E.E.U.U., 2000), Barcelona 080
(Barcelona, España, 2001), Armas y Letras (Monterrey, México,
2001), Turia (Teruel, España, 2001) y Alforja (Ciudad de
México, México, 2002). Además de editor (revista
de poesía Ulrika), se ha desempeñado como traductor
del italiano y del portugués. Ha colaborado con reseñas
críticas en revistas como El malpensante (Bogotá)
y Quimera (Barcelona). Desde el año 2000 reside en Barcelona,
donde se desempeña como corrector tipográfico. Es
cofundador y codirector (junto con Roberta Raffetto) de la revista
de poesía Animal Sospechoso, editada en Barcelona.
Juan
Pablo Roa Delgado
revista de poesía
animal sospechoso http://www.animalsospechoso.com
C/ de la Palla, 11, 2º 1ª
08002 Barcelona
roadelgado@hotmail.com
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