España

 

                 José Pómez

 

 

Allí vive la gloria más ferviente
y si vuelven las madres perdonando;
llora el mar en tu cuerpo, sí, amando
se desangra la ola en la rompiente.

Saciar arena seca e impaciente
de esa verdad de amor, alado, bando,
de ti ¡ya! ola dulce te demando
precisión al bañar la costa ausente.

Esa que duerme pena con tu frío
latir de bronces sin alga enredada
que perdura después de la campaña.

Pez sin color es tierra en baldío
en la obra más viva, alborada
que brilla en trébol: ¡gira la montaña!.

 


 

A la Cruz de la torre se enfila
superada la lenta, torpe escora;
cantada, en voz alta la demora
por bella por escasa se mutila.

Sofocado por raja de la pila
el espárrago duro ya perfora
tajada de cazón muerto; que llora
cuando terrible pérdida asimila.

¿Qué fuerza no tendrá? Esa palmera
descolorida vieja clorofila
palma numero cinco arrugada.

Penitente, allí siempre atada;
cuando mires de cerca; ella asila
lentejas con laurel de primavera.

 


 

Amadísimo lector
oxidado metal
el mayor capital
dijo el viejo escultor:

Y al nacer, ¡ya! los vemos
cantan canción feliz
de amor sin ningún matiz;
te atan los extremos
cuando lágrimas vienen,
juntan y no dividen
en sus ojos no piden
nada y detienen
caridad y consejo
que rescatan lloronas
siempre por dos personas
de proceder añejo
apuntados estamos
los que nos dan el ser
el juego de emprender
vida hasta que muramos.

Y nunca, por descuido,
se premia ese tesoro,
no resulta sonoro
el beso agradecido.

Su puesto más florido;
-semblante cabizbajo-
el de madre contrajo
el sauce distraído.

Escultura modela
él, de madre eterna,
la belleza materna
en la luz de la vela.

Viviendo la amará;
y todos compondremos,
si queremos, podemos
decir: papá y mamá.

¿Cuánto hay que pagarle
sin más al creador?
Si no es nada sin lector;
-como para no amarle-.

 


José Pómez
jjpg76@hotmail.com

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