Tan sólo un hombre y una mujer
Ana
María Fuster Lavín
Dos poetas sentados a una mesa,
son dos dioses perversos conspirando
tan sólo un hombre y una mujer bebiendo sus secretos
en una barra cómplice, oscura, clandestina.
Entre copa y copa
botella y botella
liberan sus cadenas terrenales
desintegradas en música de rock, salsa, bachata
y murmullan sus sonrisas
desnudando el tiempo perdido.
Dos amantes fugaces
lactando fluidos de cuerpos ancestrales ya olvidados
y un verso es una mano acariciando
un orgasmo de margaritas, atardeceres
vino, cerveza.
Y un grito se libera
en un poema de fuego
ardiendo en sus delirios.
Es una hora, una eternidad
un infinito compartido.
Dos seres amándose en el más allá,
un amor castrado en un instante
por una voz incandescente
espectro de la realidad
que sentencia:
quince dólares, cincuenta centavos
cerramos a las doce.
Todo se difumina.
Y son dos poetas sentados a una
mesa
dos dioses perversos conspirando
tan sólo un hombre y una mujer bebiendo sus secretos
recogiendo sus deseos, sus otredades, sus silencios.
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Lluvia en paz
Ana
María Fuster Lavín
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Sigue lloviendo.
Quizás un viejo amante recuerde mi espalda
mientras bocabajo yo pintaba duendes en la tierra
que besaban mis dedos cansados de luchas infinitas
cuando se pierde más por no amar que por esconderse
a soñar
cuando se pierde más por callarse que por mojarse
en libertad.
Sigue lloviendo.
Aun así,
amé más allá de estas cataratas de
estrellas negras
y mis ojos se perdieron abandonados en las constelaciones,
pero ya no tengo sed, hay esperanza
y las palabras colman mis sueños.
Sigue lloviendo.
Los espejismos invaden la noche
y las sombras me invitan a volar sobre la ciudad
embriagar a los pueblos enfermos de tantas guerras
de muertes sin sentido, de niños huerfanos de futuro.
del reino de los buitres del poder,
de la locura aberrante de buscar la paz con la guerra.
Sigue lloviendo
Y me arranco estos harapos de princesa de los silencios
peregrino desnuda por calles vacías de amores
ungiendo de sándalo vaginal el vértigo estéril
de una nación podrida
que drena la sangre y cuerpo de sus hermanos por las cunetas
globalizadas
y fecundo de versos a un pueblo que se levanta unido, solidario.
Sigue lloviendo,
quizás mañana diluvie
o, mejor aún, vivamos en paz.
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Teléfono a dos voces
Ana
María Fuster Lavín
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Una voz al teléfono
me llama, me excita, me serpentea.
Todo deja de existir más allá de las palabras
y un manantial de nácar
sacia el apetito de soledades compartidas.
Una voz al teléfono
es la mujer que me habita seduciendo tu espera
y te colapsa los sentidos en el vértigo de tus hormonas.
Tus manos de hombre tiemblan los números de la cábala
cuatro manos, dos cuerpos, una cabina de cristal.
Es el presagio de un encuentro,
de unos labios que lactan clandestinos refugios
para saciar la sed de mares y resacas;
de unas manos perdidas entre cojines de plumas
o entre el milagro de una serpiente furtiva
que penetra el ardiente laberinto de una diosa urbana.
Un teléfono a dos voces
tirita bajo el torbellino de seda, satín y piel
cuando hasta el último poro se electriza
y dos cuerpos son la fuente de la energía universal.
Son dos voces jadeando sudores,
rompiendo las distancias de un código penal,
descubriendo cataratas termales en la comisura de los abismos.
Son dos cuerpos humedeciendo sus soledades
para gritar el final o el principio del eclipse
para navegar en un ir y venir por la vía láctea
para galopar en deseos delirantes frente a frente
y encontrar la catarsis de un sueño de miel y espuma
donde descansen nuestros cuerpos y voces más allá
de las distancias
o hasta un próximo encuentro en un teléfono
cualquiera.
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Ana María Fuster
Lavín (San Juan, Puerto Rico, 1967) Posee un bachillerato
y estudios graduados en Estudios Hispánicos de la Facultad
Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río
Piedras, con una segunda especialización en Música.
Se desempeña como editora de libros y correctora legal para
el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Ha publicado poemas, cuentos
y ensayos en diversas revistas y periódicos tanto de Puerto
Rico, como en México, Venezuela y Uruguay. Publicó
en 2002 el libro de cuentos Verdades Caprichosas, en el 2004 saldrá
el poemario El Jardín de la Dama Duende bajo la editorial
Terranova, y posee dos libros inéditos Réquiem (cuentos)
y Mitos, espejismos y otras (per)versiones (poesía).
amfuster@prtc.net
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