Venezuela

De húmedos y ceniza
                         Dalila Benedetti


Hoy quiero quemarme el alma,
si es allí donde el dolor se alberga.
Incendiarme el corazón, si es allí donde te acostumbré a vivir.
Quiero ahogar las palabras que desgarraron mis sentimientos
y los envejecieron.
Congelar el abrazo tirano del
olvido que me arrojó a un pozo vacío.
No quiero tener memoria.
Quiero volverme loca.
Quiero que una lluvia pasajera me
convierta en asesina de recuerdos, para matarte.
Mojarme en aguas de sepulturera para enterrarte…
-Bienvenido el después y Humedecerme con Ceniza -
Y después quiero mi lagrimal fluyente, para llorarte:
Porque hoy estoy incrédula,
porque me niego a creer que mentías,
porque las lágrimas se contienen inverosímiles.
Bajo el manto de lo irreversible.






Un día
                         Dalila Benedetti


Con el cabello húmedo por el transpirar del pueblo,
con el calor del sol en la avenida y en la espalda...
Con el estómago hecho un verde campo de saltamontes,
con tu presencia delante de la mía, con los templos agotados...
Con los gritos eufóricos de la admiración hacía el hombre
que va a la guerra con el corazón en la mano...
Contigo; dentro y fuera, con la brevedad del encuentro...
con la alegría de poder mirarte, con la tristeza de decirte "adiós"...
Tengo un día más en mi memoria que lleva tu nombre.




Tú? ¡NO! No calles ni muerto
                         Dalila Benedetti


Tú? ¡NO! No calles ni muerto
Que no duerman nunca tus palabras,
que ante ellas el sol se duerma, que las
estrellas bajen la mirada, que la luna te
atienda avergonzada, y tímida
decida escuchar...

Que las flores se hagan sordas para que
no pierdan su aroma, que los pájaros
duerman de día, y que sólo cuando duermas
sientan de triar estima.

Que el sueño no te detenga.

Que las montañas se inclinen, sublimes sin
sus fuerzas; que te hagan reverencia!
Que el mar finja silencio, que sus olas no
lleguen a la orilla, que la orilla se presuma
piedra, que la dura piedra se convierta en seda.

Que el viento silencie el susurro, que se lleve
la nube tormentosa, que la tormenta se cohíba
de empapar... que lo mojado se absorba pero
que no se absorban tus palabras; que muevan,
que den día, que den noches... que den vida.

Que las lágrimas se evaporen.

Que el calor enfríe, que el hielo se haga sudor
y que el sudor no cale tus ropas.
Que el mundo te escuche pero que sepa tu
excusa, que la excusa sea yo y que yo calle,
pero tú no.

Tú? ¡No callarás ni muerto!






Dalila Benedetti nació el 14 de Septiembre de 1.974 en la Capital del Edo. Zulia, Venezuela. Actualmente se encuentra residenciada en Caracas; Capital de la República Bolivariana de Venezuela. Presta colaboración voluntaria en medios alternativos (web sites) de comunicación e información comunitaria como "aporrea.org" entre otros.
dalila74@terra.com.ve
dalilabenedetti@hotmail.com

 

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